Pensé que al hacerlo se acabaría,
por eso estrellar yo quise el espejo.
Atormentado me tenía el reflejo;
toda la locura que en él veía.
Prever debí el error que cometía.
Iluso fui, por no decir pendejo.
Dicen que el diablo sabe más por viejo.
La imagen odiada se repetía.
Fue entonces cuando vi no a él, a todos,
separados, por fin, individuales,
con nombres y apellidos, con apodos.
La caja destapé para mis males.
Fragmentar más temí los trematodos
que, infinitos, pudieran ser letales.
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