Si todas mis noches fueran de luna llena,
quizá entonces estallar podría en sonora carcajada.
Ella loca, yo demente y siento pena
al final, porque la muerte es vil bastarda.
En silencio voy al trote de un caballo
y de bruces cae al suelo mi esperanza.
Tanto tiempo de buscarla y cuando la hallo...
¡Qué insufrible es perseguirla en mi tardanza!
Si no fuera porque siento que en mi vida
su silencio da consuelo a mi martirio,
pues fue el rayo que del cielo abrió la herida
y es la llaga que aún supura en muerto lirio...
Algo siento en este abismo de quehaceres,
pienso es brisa del nocturno de su alma.
Muerto en vida voy sorteando los placeres,
las maniqueas soledades y la calma.
Porque sigo con mi dedo en sus renglones,
voy leyendo como un ciego en braille todo.
Sí, en pos de ella, porque no encuentro razones
pa' entender que la he perdido y que no hay modo
el volver a amar la noche fría y serena.
Yo fui el duende que soñó un día con ser digno
de alcanzar alguna vez la luna llena.





