Tío, ¿qué hago? Hay cosas que no puedo hablar con nadie, ni con la familia ni con quien tu sabes, porque al final no hay quien pueda entenderlo. Tú, que quizás me hubieras comprendido, preferiste marcharte antes de conocerme. Tío, ¿tú también veías las cosas que yo veo? ¿También sentías las cosas que siento? ¿Las percibías como las percibó? ¿Me estaré volviendo loco? No quiero afectar a más personas. Esto es algo que tengo que resolver yo solo, ya sé, pero no sé cómo. El 8 de junio ya no es una opción, te lo he dicho. Eso ha quedado en el pasado. Aconséjame, tío. Aconséjame bien. Hazlo por los dos, por ti y por mí. Muéstrame el camino, el que tú no quisiste recorrer. Estamos a tiempo.
La llagas de mi cuerpo se tornaron color zafiro, resplandecían; pero el resplandor dolía como las piedras puntiagudas del camino de las buenas intenciones por el que me llevaste aquella madrugada, recuerdas. Yo iba de tu mano a mis dos años y tres meses de edad. Tú eras una sombra gigante que emanaba una especie de calor que me invitaba a continuar sin importar el dolor en las plantas de mis pies sin huaraches de correa. Nosotros ibamos atrás de ustedes. Yo vigilaba que él no te hiciera nada. Yo cantaba la canción de cuna, para que no te despertaras. Yo iba recogiendo los insectos y las alimañas del camino, los guardaba en la bolsa de mi pantalòn para tragarlos en cuanto todos se decidieran descansar. Nosotros contabamos los pasos; jugábamos, nos reíamos, no prestabamos atención. Yo fui quien golpeó tu cabeza. Yo no diré nada, ni yo. Yo tampoco. Ya nadie hablará, no por hoy, estoy cansado de ustedes. Más, más, menos, quinientos cuarenta y siete. Eri cum, eneo.
viernes, 29 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
CARTA 5 (desde el pueblo)
Nada, tío. Otra vez en las mismas. Peor que antes, quizá. Son las 2:04 de la mañana. Sigo en la búsqueda. No he podido dormir. Sabes lo que pasó, ¿verdad? ¿Qué hago? Aconséjame. No, el día 8 ya no es una opción. Ha quedado descartado completamente. Espero tu contestación. Delfines en el río.
miércoles, 13 de abril de 2011
CARTA 4
Ya te habrás enterado de todo lo que ha pasado, tío. Sí, he estado deprimido por varios días a causa de lo ocurrido, pero bueno, creo que lo estoy superando. Ayer y hoy ya me he sentido mucho mejor. Estoy más tranquilo. Me conoces. Por el momento quiero enfocarme en mis cosas; creo que lo he estado haciendo. Por ejemplo, el día de hoy estuve trabajando desde muy temprano. A las 5: 30 me desperté y no he dormido. No, no me levanté enseguida. Encendí el televisor y me puse a ver la serie policíaca. Es buena, aunque algo predecible. Ja ja. Ya me vine a levantar como a las 7: 30. Tomé un poco de café y me comí uno de esos panes rellenos que ahora han dado de gustarnos.
Ellos no han venido últimamente. Supongo que eso está bien. A veces les da por aparecer en los momentos menos esperados, como ayer, cuando estaba realizando mis actividades vespertinas. Fue un poco incómodo porque todo el día en general lo había pasado bien, de no ser por ese pequeño instante. Pero creo que la libramos, nadie se dio cuenta. El detonante fue el canto de una chicharra o cigarra, como quiera que se llame. El ambiénte estaba humedo y se respiraba el aire fresco del agua sobre las plantas. Me recordó los días aquellos que ahora forman parte de nuestro pasado. Me preocupa que cada vez que tenga que realizar mis tareas solo vuelva a pasarme. Esop podría convertirse en una tortura. Espero que no, porque en el fondo parte de lo que hago me llena el espíritu.
No sé si ellos vendrán esta tarde. Me siento fuerte, pero sabes que a veces me derrumban. Entreténlos quizás, y si me van a incomodar que sea cuando estemos a solas. Ya no quiero que quien tú sabes participe más de esta locura. Quiero que ya siempre me vea bien y estable. Tengo que ir por provisiones, ya se me están terminando.
Hoy me siento fuerte para vencer el frabuyoso día. Sé que lo lograremos, tío. Será genial cuando todo pase. Sé que estarás contento, podremos reivindicarnos y hacer todo lo que dejamos inconcluso la vez pasada. Tú mismo ya no tendrás que estar padeciendo los dolores que te aquejan, porque lograré liberarte así me duela siete veces siete más de lo que me ha dolido hasta ahora. Entiendes. Es una clave. Ahora tendremos que encriptar los mensajes, porque hay muchas cosas de las cuales tenemos que hablar. Mientras tanto, cuan tres árboles fueron puestos a la orilla central de la carretera sur, el sapo tomó su bastón como en la caricatura nueve y bailó ochocientos catorce segundos que equivale a un par de cebollas, dos martillos y quienientas bardas pintadas de blanco. Eri cum eneo.
Ellos no han venido últimamente. Supongo que eso está bien. A veces les da por aparecer en los momentos menos esperados, como ayer, cuando estaba realizando mis actividades vespertinas. Fue un poco incómodo porque todo el día en general lo había pasado bien, de no ser por ese pequeño instante. Pero creo que la libramos, nadie se dio cuenta. El detonante fue el canto de una chicharra o cigarra, como quiera que se llame. El ambiénte estaba humedo y se respiraba el aire fresco del agua sobre las plantas. Me recordó los días aquellos que ahora forman parte de nuestro pasado. Me preocupa que cada vez que tenga que realizar mis tareas solo vuelva a pasarme. Esop podría convertirse en una tortura. Espero que no, porque en el fondo parte de lo que hago me llena el espíritu.
No sé si ellos vendrán esta tarde. Me siento fuerte, pero sabes que a veces me derrumban. Entreténlos quizás, y si me van a incomodar que sea cuando estemos a solas. Ya no quiero que quien tú sabes participe más de esta locura. Quiero que ya siempre me vea bien y estable. Tengo que ir por provisiones, ya se me están terminando.
Hoy me siento fuerte para vencer el frabuyoso día. Sé que lo lograremos, tío. Será genial cuando todo pase. Sé que estarás contento, podremos reivindicarnos y hacer todo lo que dejamos inconcluso la vez pasada. Tú mismo ya no tendrás que estar padeciendo los dolores que te aquejan, porque lograré liberarte así me duela siete veces siete más de lo que me ha dolido hasta ahora. Entiendes. Es una clave. Ahora tendremos que encriptar los mensajes, porque hay muchas cosas de las cuales tenemos que hablar. Mientras tanto, cuan tres árboles fueron puestos a la orilla central de la carretera sur, el sapo tomó su bastón como en la caricatura nueve y bailó ochocientos catorce segundos que equivale a un par de cebollas, dos martillos y quienientas bardas pintadas de blanco. Eri cum eneo.
miércoles, 6 de abril de 2011
CARTA 3
Tío, a cabo de tomar una decisión que no creo que sea de tu agrado. No sé si decirtelo, aunque a estas alturas supongo que ya debes saberlo. Me pregunto si estabas en el departamento en la tarde cuando estuve hablando con ellos. No, ¿verdad? Quizás fue lo mejor. Pero ahora me siento con la necesidad de contártelo. No me vayas a regañar, tío. Yo sé que en el fondo me quieres y que quieres lo mejor para mí, pero, en este caso, te pido que me entiendas. Estoy tomando esta decisión aun en conocimiento de lo que eso significa. Sí, tengo miedo de que esto pueda resultar contraproducente (que es lo más probable), pero de alguna forma siento que tengo que correr el riesgo. Ya hablé con ellos, tío. Hemos llegado a un acuerdo que yo tengo la intención de respetar y que espero que ellos respeten. Tú sabes que yo no puedo solo, tío. Los necesito, a todos, a ti también. Si quiero vencer tengo que echar mano de todos mis recursos, ¿no? Y ustedes han sido parte importante de todo esto. Esta es una segunda etapa, un segundo intento; quiero hacerlo lo mejor posible. Ustedes tienen que ayudarme. Voy a permitir que vuelvan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
