martes, 30 de noviembre de 2010

GANARLE AL FUTURO

Hacía mucho tiempo que ya no consultaba mi futuro en las cartas, sobre todo porque soy un escéptico, aunque no lo parezca. En teoría, no creo en esas interpretaciones porque se limitan a un número determinado de signos y símbolos cuya posición, cercanía y coincidencia "dicen" algo, pero que después de cierto tiempo tienden a decir lo mismo; esto, aunado a la falta de agilidad mental de quien realiza la lectura.
Este comentario viene a cuento porque hace dos días, atormentado por los malos ratos que he pasado últimamente, me vi tentado a ir con una "tarotista", y fui. ¡Oh, decepción! Pero qué esperaba, ¿no? Sólo gasté 50 pesos por saber que mi pareja (¡una mujer rubia!, ¿pueden, ustedes, creerlo?) me quiere, pero se ve impedida por alguien que la mal aconseja. De mi futuro laboral y profesional, nada. Ni siquiera me dijo si por fin terminaré mi tesis el próximo año. En cambio, me aseguró, señalando dos cartas de figuras altas en la mesa de madera, que me persigue un sólo muerto, y que a ello se debe que últimamente me sienta cansado, triste y sin ánimos de hacer nada. No supone que puedo estar pasando por un momento de depresión y que mis neurotransmisores no están realizando debidamente sus funciones.
Como el negocio redondo que es, dijo que necesito una limpia y que le lleve medio kilo de huevo. ¿Para qué tanto?, me pregunto yo. Pero cabe mencionar que la señora es de familia numerosa y yo le debí parecer hermano de la caridad. Nada, que mi asistencia a ese lugar no fue productiva, pero eso me pasa por andar pendejeando.
La tesis la terminaré en cuanto me ponga a trabajar en ella. Para saber si me suicidare el siguiente año, debo esperar al 8 de junio. El auto llegará en cuanto deje de gastar en tonterías y valore cada centavo que perciba. ¿No creen?

Talón de Aquiles

La edad que nos divide, la experiencia,
la nación, la educación, la estatura,
la talla, el peso, la piel, la cordura
el porte, la altivez, la inteligencia,

danle a esta relación una incongruencia,
que traducirse bien puede en ¿locura?
Mas conociendo nuestra sangre impura,
un punto tenemos de coincidencia.

Inimaginable talón de Aquiles
que Cupido hiriera con su saeta,
la más envenenada, en días febriles;

trastocando el destino, cual veleta,
grabando historia nueva con buriles
en manos de este torpe y vil poeta.

sábado, 6 de noviembre de 2010

LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA

El tío Hilario se suicidó a los 27 años el miércoles 8 de junio de 1977 a las 4:35 horas de la tarde; conozco la fecha porque conservo su carta póstuma. Cuenta la familia que se trataba de un tipo, si no excepcional, por lo menos "diferente" en comparación al resto de los parientes. Se dice que fue autodidacta (aprendió varios oficios por él mismo, a través de cursos por correo), inventor (fabricó una especie de despertador con el viejo tocadiscos de la casa y un reloj, así como un interfón que comunicaba la casa de la abuela con la de mi madre) y descubridor de tesoros (en una de las construcciones que trabajaba como albañil vio algunas ollas con oro y encontró una mina de estaño, de la cual no quiso dar su ubicación). Pero esto corresponde a la versión mitificada que se tiene de él.
     De pláticas con mi madre puedo inferir que también fue diseñador. Como dato curioso: a mi tío le gustaba confeccionar sus propios calzones. También fue dibujante. Según las versiones, tenía una libreta en la que había dibujado algunas formas de suicidarse. Por su parte, él se desfine a sí mismo como un loco. Yo digo que debió ser homosexual, a pesar de que uno de los supuestos motivos que lo llevaron a envenenarse fue el amor no correspondido de una mujer. Sin embargo es sólo una hipótesis entre tantas.
     De los hijos varones de los abuelos, él era el más pequeño y el penúltimo de los varios hijos que tuvieron (contando hombres y mujeres). Mostraba gran afección por la madre y tenía enfrentamientos constantes con el padre. En la única foto existente de toda la familia reunida, a él se le ve con una actitud un tanto apocada, al extremo izquierdo de todos, como solitario y excluido, pero no por ellos, sino por él mismo, aunque ninguno de estos datos es realmente suficiente para determinar su sexualidad. También pudiera deberse a su carácter introvertido, a su sensibilidad de artista o a un cuadro no diagnosticado de depresión crónica. ¿Quién sabe?
     Aunque desconozco de bien a bien las causas de su muerte, la historia de mi tío se ha vuelto una obsesión para mí, porque en muchos puntos me identifico con su vida. Yo soy un maniaco depresivo con tendencias suicidas y, al parecer, soy una excepción a la regla en mi familia. También soy el penúltimo hijo, aunque el último murió a los siete meses de nacido. Desde los 13 o 14 años he querido suicidarme, pero hasta ahora no lo he hecho, aunque la idea sigue rondando mi cabeza. Últimamente he tenido algunas crisis severas, pero, gracias a Dios, he tenido la suerte de contar con personas que han estado a mi lado apoyándome, a pesar de que no es nada fácil lidiar con alguien que tiene problemas con los neurotransmisores.
     Desde que sé de mi tío y más desde que encontré su carta póstuma, he supuesto que mi vida está ligada de alguna forma con la suya. Suponiendo que los hechos se repiten, pienso que por alguna razón, en cierta manera, he estado viviendo su vida, como si se tratara de una segunda oportunidad para él, como si hubiera dejado algo que él hubiera dejado inconcluso y que era importante terminar. Pero, para conocer esa segunda etapa, es importante vencer la primera; cosa que, creanme, no es fácil. Quizá son pendejadas mías, pero la idea me atormenta. Sigo pensando en el suicidio, ahora con más seriedad que antes. Acabo de cumplir 27 años y el próximo 8 de junio también será miércoles.
     Hoy tengo un periodo de lucidez en mi vida depresiva, por eso es que estoy escribiendo esto. Pero la depresión volverá y cada vez me siento menos fuerte y más convencido. Tengo fe en Dios. Siento que ha enviado algunos de sus ángeles para ayudarme en este duro trance, pero de repente tengo miedo que esos ángeles se conviertan en mis verdugos. Nadie conoce el futuro. Por una parte, me da cierta tranquilidad saber que el fin se acerca, que puedo morir en esa fecha y que con ello habrá terminado el inmenso dolor de estar vivo. Nada importa. Por otra parte, tengo miedo de dejar por segunda vez inconclusa mi historia. Me da curiosidad saber qué más habrá para mí después de ese día. Tal vez nada o tal vez todo. Estoy a la expectativa. Por el momento, nada puedo asegurar porque hay días en que estoy muy bien y hay días en que estoy muy mal. Incluso ahora no se si me gustaría continuar viviendo o si preferiría estar muerto, y eso que estoy en etapa de lucidez. Debo comenzar con los antidepresivos o dejarme de pendejadas.